LA ESCUELA DE MI ABUELO

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De Temuco al interior cordillerano, se encuentra Huichahue, un pueblito al interior de la comuna de Freire, en donde aún se encuentran comunidades indígenas Mapuches, que tratan de cuidar sus raíces genealógicas.

Esta fue la visita especial que realicé en mis vacaciones por estos lados sureños, que de paso son mis tierras también. La visita especial correspondió a la Escuela G – 490 “Lenfuen” de Huichahue, porque esta es la Escuelita en donde mi abuelo Ernesto Michellod Gandolfi (con antepasados de origen Suizo) entregó su vida profesional por unos 30 años como profesor rural. “El Gringo” como le llaman sus ya ancianos estudiantes mapuches, lo recordaban con cariño al preguntarles por aquel profesor.

Bien nos contó Silvia Vidal, una estudiante mapuche de mi abuelo, que la Escuela está en peligro a que sea cerrada. En la actualidad cuenta con sólo 13 estudiantes. La profesora Laura es la única que se encarga del grupo de jóvenes de primero a sexto año básico y como dijeron varios “necesitamos a una profesora que se renueve, la Sra. Laura ya no tiene esa energía, lleva muchos años”. En la comunidad no quedan muchos niños y los que nacen allí migran a las ciudades, principalmente Temuco.

Por segundos, me daban unas ganas enormes de llegar a Santiago, pescar mis cositas y largarme a ese lugar a seguir el trabajo que mi abuelo dejó el año 1976. Siento que dejó inconcluso, porque por su enfermedad (que años más tarde le causaría la muerte) lo alejó de su labor que más amaba: la docencia.

Mi abuelo fue un excelente profesor, quiero pensar que todos los que pasaron por sus aulas, lo recuerdan con amor y respeto. Fundó esta escuela ubicada en suelo Mapuche y dedicó toda la semana a su trabajo, incluyendo el verano que llevaba a sus hijos a disfrutar de esos paisajes, incluida mi mamá (su hija menor). Recibió muchos premios, pero el más importante fue el de “Mejor Profesor” de la Provincia (IX región) el año 1969. Lamentablemente, murió antes de que yo naciera, pero mucho de él está en mi espíritu y ganas de trabajar en mi labor como profesora. ¿Por qué un hombre como él, descendiente suizo, quiso dedicar su vida a su labor docente en una comunidad indígena, en donde las condiciones siempre fueron precarias?. Podría haber trabajado perfectamente en un Liceo prestigioso de Temuco, en donde vivía su familia (Esposa e hijos), pero él prefirió estar ahí. Sin duda eso es pasión y convicción de lo que hace. 

En esa tarde, me pregunté muchas cosas… Si tuviera la oportunidad de estar con él por unos 5 min. ¿De qué hablaríamos? ¿Qué cosas le podría preguntar o decir? ¿Qué cosas me diría él?. A pesar de no habernos conocido, siento que tengo su “garra” y energía de hacer mil cosas siempre. Cuando me paré frente a la campana de la escuela y la toqué, pensé en todas las veces que se había parado ahí mismo a tocar la campana para sus estudiantes. Fue un momento mágico. 

Una hermosa tarde sin duda, que después de mucho esperar llegó el cuidador, Don Fernando Vidal, con sólo decirle el profesor Ernesto Michellod Gandolfi, nos abrió las puertas de la Escuela para visitarla junto a sus recuerdos e historias como estudiante de mi abuelo.

Esta araucaria fue plantada por mi abuelo cuando llegó a la Escuela.
Hoy ya tiene más de 50 años.